miércoles, 3 de junio de 2009

MARTIN RIVAS EN NUEVA YORK


Viajar es mi único vicio!», confiesa, y es que salir de viaje, sea donde sea, le ayuda a desconectar de tanta vorágine laboral: «Da igual que sean escapadas de larga distancia o de tres días. Los viajes siempre te abren los ojos.»

Soñemos un poquito: tienes la oportunidad de ir de viaje donde quieras. ¿Hacia qué punto del planeta huirías?
Siempre tengo algún destino pendiente: ahora es Australia. Pero, por impulso, muchas veces termino comprando un billete a Londres. Viví allí un año y tengo muchos amigos. Es una ciudad que siempre te ofrece algo nuevo. También me gusta mucho La Habana. He ido varias veces y volveré. Es un lugar en el que disfrutas solo con sentarte en un sitio y ver pasar a la gente, viendo el color de sus calles, escuchando su música...

¿Eres de los que les gusta explorar o de los que tiran de toalla en la playa?
Soy un animal de asfalto. Me ‘pateo’ las ciudades de arriba abajo: callejeo, me mezclo con gente, visito galerías y museos... El British Museum es mi preferido. Sobre todo, las salas de arte egipcio.

No me digas que nunca has ido a un hotel ‘todo incluido’.
¡Sí! Un amigo me invitó a un resort en la República Dominicana. Menos aerobic, hice de todo.

Confiesa: en Nueva York caíste en la tentación de comprar una figurita de la Estatua de la Libertad como souvenir.
A eso no llegué, pero compré un tazón en el que pone ‘I love NY’. Así, cada mañana, me recuerda que tengo que volver. De todas maneras, es fácil pillarme haciendo shopping (risas): en cualquier lugar del mundo encuentro qué comprar.

¿Cuál ha sido tu mayor aventura?
Un viaje a los campos de refugiados saharauis que hice con mis padres cuando era adolescente. Descubrir cómo viven cambió mi visión del mundo.

Qué tres cosas te llevarías a una isla desierta.
Antibióticos, una caña de pescar y un buen libro.

Esto te define: eres más pragmático que romántico.
Si es cuestión de vida o muerte, por supuesto.

Vía Woman

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